Jorge Mario Bergoglio: El jesuita que viajaba en metro y que nunca
quiso ser pontífice
De Bergoglio, de 76 años, dicen que tiene agallas para reformar la
curia
Jorge Mario Bergoglio es el papa inesperado. Nunca se imaginó más
allá de su Buenos Aires natal, donde nació en 1936 en un barrio
humilde, en el seno de una familia obrera de emigrantes italianos.
Pudo haber sido pontífice en el anterior cónclave, cuando, llorando,
imploró a sus compañeros que no votasen por él. «Siempre quiso
quedarse en su país», resalta el vaticanista Andrea Tornielli. Pero
en la segunda oportunidad que se le presentó ya no pudo negarse.
Solo que ahora el reto que tiene por delante es mayor: reformar la
curia y poner orden en la iglesia, justo lo que no pudo conseguir
Ratzinger, su antecesor. No es tampoco el pontífice joven que muchos
esperaban, ya que le tocará acometer tan formidable empresa con 76
años. Por eso nunca estuvo en las quinielas de papables, pese a que
en el anterior cónclave quedó en segundo lugar, por su considerable
edad. Aunque de salud quebradiza -perdió el pulmón derecho por una
pulmonía a los 21 años- no se le conocen problemas importantes y sus
allegados aseguran que se trata de una persona enérgica y con valor,
a pesar de que su frágil apariencia de hombre delgado y desgarbado y
su innata timidez pudieran hacer pensar lo contrario. Es una persona
de carácter.
Bergoglio está acostumbrado a los desafíos. «Es un hombre al que no
le tiembla el pulso y con agallas para terminar la limpieza que no
pudo o no le dejaron hacer a Benedicto», aseguran quienes lo
conocen. El primer papa latinoamericano y el primer jesuita en
acceder al trono de San Pedro es, de hecho, un hombre habituado a la
batalla, a la defensa de sus fieles y de los más desfavorecidos.
Tampoco se arredró ante el poder político ni ante los dictadores.
El hasta ahora arzobispo de Buenos Aires es un jesuita con una
sólida formación académica, considerado una persona dialogante y
moderada, amante del tango e hincha del equipo de fútbol San
Lorenzo. También es visto como un hombre prudente, lo que no le ha
impedido que mantuviera fricciones con el actual Gobierno del país,
en temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo. Es un
progresista en lo social, pero en lo doctrinario es un guardián del
dogma, no muy alejado de las tesis de Benedicto XVI.
Es, pese a su posición, una persona sencilla, de trato afable y a la
que los bonaerenses están acostumbrados a ver viajando en autobús o
en metro. Dista mucho del fasto y del oropel, como demostró estos
días en Roma, donde solía pasear sin su birrete de cardenal. Fue de
los pocos príncipes de la Iglesia que no llegó a subirse a un coche
oficial.
Es una persona muy espiritual, recta y sumamente austera. En sus
relaciones no le gusta que le llamen eminencia y, siempre que le
preguntaban cómo habían de dirigirse hacia él, contestaba: «como
padre Bergoglio». Ahora habrá que tratarlo como Francisco.
Por su frágil apariencia recuerda a Pío XII, aunque por su
personalidad muchos ven en él a un nuevo Juan XXIII. Y tampoco se
descarta, como hizo su antecesor, que se atreva a convocar un nuevo
concilio vaticano.
Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936 en el seno de una familia
modesta de la capital argentina, hijo de un trabajador ferroviario
de origen piamontés y de una ama de casa. Asistió a la escuela
pública, en donde se tituló como técnico químico. Tuvo, en cierto
modo, una vocación tardía, ya que no fue hasta los 21 años cuando
comenzó el noviciado en la Compañía de Jesús. Luego realizó estudios
humanísticos en Chile y en 1964 regresó a Buenos Aires para
dedicarse a la docencia de Literatura y Psicología. Más tarde
estudió Teología. Su sacerdocio comenzó en diciembre de 1969, cuando
se desplazó a España, a Alcalá de Henares, para completar su
formación. No regresó a Argentina hasta 1972, aunque luego hizo su
tesis en Alemania. Desde ese momento tuvo una carrera fulgurante en
el seno de la Iglesia, aunque siempre sin abandonar su vocación
social. Y nunca se imaginó como papa, lejos de Argentina.
Fuente:
La Voz de Galicia en su edición del día 14 de Marzo, 2013